Imagino que los antiguos maestros de una disciplina tan ancestral como el yoga jamás pensaron que verían esta palabra al lado de otras como belleza, cuello o párpados. Es que el yoga como filosofía de vida promueve el bienestar integral de la persona, desde adentro hacia afuera.
Sus cultores en todo el mundo aseguran que cuando una persona comienza a practicar yoga con cierta asiduidad los cambios comienzan a notarse de manera casi inmediata: mejora la postura general del cuerpo, se flexibilizan las articulaciones, se mejora la respiración, se tonifican grupos musculares y por sobre todas las cosas, se mantiene una actitud positiva hacia la vida.
Sin embargo, en esa obsesión occidental por simplificarlo todo, desde hace algún tiempo hemos visto “nacer” una nueva tendencia. Se denomina “yoga facial” y aplica ciertas bases y principios del milenario arte corporal para restaurar zonas específicas del rostro mediante ejercicios simples y – créeme – muy efectivos.
